Les invitamos a participar en este blog dedicado a mantener la memoria histórica del terrorismo de Sendero Luminoso y el MRTA, al que se sumaron los crímenes cometidos por miembros de las fuerzas del Estado. También tenemos la Biblioteca Virtual de la Verdad y Reconciliación, cuyo contenido sigue creciendo. Al momento hemos registrado mas de 600 de libros, muchos de ellos digitalizados, así como cientos de fotografías, videos y cerca de 2,000 documentos y artículos periodísticos. http://www.verdadyreconciliacionperu.com/home.aspx
Los textos, que han sido seleccionados cuidadosamente por el Centro de
Estudios y Publicaciones, constituyeron piezas de aliento filosófico, pero
fueron también un llamado de atención a los peruanos sin distingo de ubicación
social o económica, una prédica discreta pero firme acerca de la defensa de la
vida y de los derechos de la persona.
Para el movimiento de derechos humanos, los discursos que aquí se
presentan constituyen momentos históricos, emotivos: son el reconocimiento de
las víctimasdurante las audiencias
públicas, que se convirtieron luego en un punto de partida para generar nuevas
organizaciones que poco a poco vienen alcanzando presencia pública.
Se trata de imágenes que han quedado registradas en nuestra memoria:
mujeres que haciendo una pausa en su historia de dolor se atrevieron con coraje
a denunciar las atrocidades cometidas durante la guerra interna; jóvenes
voluntarios, que recorriendo todo el país, aprendiendo de una experiencia
difícil, pese a su juventud resistieron y se comprometieron con más ahínco en
la defensa de los derechos humanos.
(Sobre la imagen
pulsar Ctrl + clic para ver el video)
La matanza de Putis fue
perpetrada el 13 de diciembre de 1984, por el destacamento militar acantonado
en esta localidad, ubicada en Huanta, Ayacucho-Perú. Los militares convocaron a los pobladores de las
comunidades aledañas a Putis, para brindarles protección y apoyo. Les hicieron
cavar hoyos para piscigranjas, sin presentir que luego serían sus tumbas. Los hechos narrados en el video son dolorosos y
desgarradores. Es responsabilidad de todos demandar justicia y sanción a los
responsables. En palabras del Salomón Lener significa: En un país como el
nuestro, combatir el olvido es una forma poderosa de hacer justicia. Estamos
convencidos de que el rescate de la verdad sobre el pasado incluso de una
verdad tan dura, tan difícil de sobrellevar como la que nos fue encomendado
buscar— es una forma de acercarnos más a ese ideal de democracia que los
peruanos proclamamos con tanta vehemencia y practicamos con tanta inconstancia. En palabras de Sabina Valencia , pobladora de
Huanta , significa: Señores chaymi ñuqa munani kachun respeto, kachunyá
manchakuy, masque imayrikulla kaptiykupas, wakcha pobri kaptiykupas, campesino
totalmente ñuqañaykuchu kaniku, huk real llapas killapi ganaq, mana ni pipas
kanikuchu. Señores, chayta ya justiciyata mañakuykiku. Señores, por eso yo
quiero que haya respeto. Que haya pues temor de Dios, aunque sólo seamos muy
humildes. Aunque seamos huérfanos y pobres. Campesino puro podemos ser; que
ganamos sólo un real por mes y, aunque no seamos nadie, señores, ésta es la
justicia que le pedimos (Hatun Willakuy)
BOLETÍN 44/2012: EN EL NOVENO ANIVERSARIO DEL INFORME DE LA COMISIÓN DE LA VERDAD Y RECONCILIACIÓN (CVR)
de Cambia Perú, el El Viernes, 24 de agosto de 2012 a la(s) 21:33 ·
Entrevista al Dr. Herbert Morote,[1] presidente de la Fundación Herbert Morote por Carlos Jaico Carranza.
Este
28 de agosto se cumplen nueve años del Informe de la Comisión de la
Verdad y la Reconciliación (CVR). ¿Qué tanto hemos avanzado en el
conocimiento de este periíodo trágico de nuestra historia reciente? No
sólo no hemos avanzado nada, sino que hemos retrocedido en cuanto al
conocimiento del informe. Hace 9 años era la novedad, era la noticia,
hubieron debates, discusiones relevantes, y quizá hasta hubo alguien
como yo que leyó por completo los XII tomos del Informe. Un número mayor
leyó las 477 páginas de la versión abreviada del informe “HATUN
WILLAKUY”[2] cuyo tiraje fue de 20,000 ejemplares que fueron en gran
parte regalados a gente de un gobierno que no tenía intención de
propagarlo. Pasada la noticia de los primeros días la
derecha cavernaria del país, a la que se unieron fujimoristas, la
cúpula militar y parte de la jerarquía malsana de la iglesia encabezada
por el cardenal Cipriani, desarrolló una campaña para desacreditar a los
miembros de la CVR que, al estar ya extinguida, no pudo defenderse
corporativamente. Las críticas que hicieron al Informe rechazaban sin
fundamento las estimaciones de los asesinatos cometidos por las fuerzas
del Estado. Ellos hubieran preferido que no se diga nada sobre esas
atrocidades. La estrategia de los opositores al Informe ha
cambiado en estos nueve años. Al comienzo personajes patéticos como
Rafael Rey, ministro de Defensa en el gobierno de García, y los medios
de comunicación que todos conocemos fueron los encargados de
desacreditar el Informe acusando a sus autores de “caviares”, es decir
comunistas disfrazados de cultos e independientes, a todo aquel que se
atreviese a contradecirlos.
Este estigma ha quedado en la
mente de muchos: defender el Informe es para ellos un signo de
izquierdas, de socialistas, de comunistas, de traidores a la patria. Por
eso hasta en varias ocasiones en las que se conmemoraron aniversarios
del Informe, hordas pagadas por los fujimoristas atacaron con palos y
piedras a los asistentes. Más de una vejación violenta recibió en plena
cara el ex presidente de la CVR, el pacífico Dr. Salomón Lerner Febres. La
estrategia de los negacionistas se ha refinado en los últimos años.
Ahora hacen todo lo posible por impedir la divulgación del Informe. No
se ha hecho ningún esfuerzo por editar versiones más sucintas del
Informe que permita su lectura al pueblo. Tampoco los gobiernos han
hecho versiones para su enseñanza en colegios o universidades. El
silencio sobre el texto del Informe está ganando terreno. Los
jóvenes incluso desconocen y hasta minimizan el número de víctimas,
¿cree Ud. que esto es consecuencia de la poca difusión del informe de la
CVR? No sólo son los jóvenes
los que desconocen el Informe sino casi todo el mundo. En cada
oportunidad que tengo para hablar en público pregunto que levante la
mano la persona que haya leído el informe. La respuesta es
escalofriante, casi nadie lo ha leído, ni siquiera en su versión
abreviada. Nadie se ha dado el trabajo de leer el método por el cual se
ha calculado el número de víctimas. No saben que el Informe fue
conservador en la estimación y que la cifra pudo ser mucho más alta.
¿Cuáles
serían las consecuencias de seguir tapando la historia y este informe
de la CVR? ¿Caeríamos nuevamente en una espiral de violencia? Las
nefastas consecuencias ya hemos comenzado a verlas. Me sorprende que
haya tardado tanto. El Movimiento por la Amnistía y la Defensa de los
Derechos, MOVADEF, es sólo la cabeza del iceberg. Que haya jóvenes que
pidan el indulto de Abimael Guzmán, un genocida de indígenas quechua
hablantes en su mayoría, es indignante y escandaloso. Como es indignante
y escandaloso que los gobiernos hayan acallado el Informe de la CVR.
Por otro lado no se necesita ser Nostradamus para predecir que la
violencia va a resurgir a no ser que la impidamos dando a conocer los
crímenes de los terroristas y militares; hay que recordarlos bien para
que no se repita. Por eso los judíos nos recuerdan hasta la
saciedad el holocausto, y los chilenos a Pinochet, y las Madres de la
Plaza de Mayo los crímenes de los militares argentinos. Para los
gobiernos del Perú recordar los crímenes es ser comunista, o “caviar”. Esta
semana se han cumplido 27 años de la masacre de Accomarca donde decenas
de compatriotas fueron asesinados por manos terroristas, pero pocos han
sido quienes han hecho alusión a dicho trágico evento. ¿Acaso vivimos
en una sociedad insensible, donde ya el número de muertos no cuenta, y recordarlos menos? No
creo que la sociedad sea más insensible, lo que pasa es que está mal
informada, desinformada o adormecida con programas basuras y medios de
comunicación que actúan como guardianes del poder, para usar una
definición de Chomsky. Si nuestra población supiese todas las
barbaridades que los terroristas cometieron, el pánico que causaron, los
desplazamientos forzados de centenares de miles de personas humildes,
en estos momentos no habría Movadef sino solidaridad y ayuda a los
sobrevivientes. Pero no, aquí la orden es callar los crímenes. Por
ejemplo, hay cerca de 10,000, sí, diez mil fosas comunes exactamente
localizadas sin que se haya exhumado los cadáveres porque no quieren
encontrar las huellas que han dejado sus asesinos, eso forzaría a las
autoridades a investigar. Mientras tanto decenas de miles de
desaparecidos son llorados por sus familiares, ¿quién puede olvidar un
hijo, un esposo, un hermano?
Velorio
del alumno Luis Sulca Mendoza del colegio secundario General Córdova
(Ayacucho), acusado de traición y luego asesinado por Sendero Luminoso.
Octubre, 1986 (foto Jorge Ochoa/La República)
¿A nivel de las reparaciones civiles para las víctimas, se sigue aún esperando? Esta
es otra de las hipocresías del Estado. La lista del Registro Único de
Víctimas ha demorado muchos años debido a los recortes presupuestarios
que acabó con la renuncia de su directora la Sra. Sofía Macher. Ahora
está casi acabada pero no completa. En cuanto a reparaciones lo que se
ha hecho en el gobierno de García fue inaugurar unas cuantas postas
médicas o escuelas o hacer alguna carretera y decir que eran en pago de
Reparaciones Colectivas, cuando era un derecho de aquellos pueblos. Eso
sí, en las inauguraciones se tomaban fotografías las autoridades
políticas e hinchaban el pecho. En realidad no se ha hecho nada. Las
Reparaciones Individuales están recibiendo dinero a cuenta gotas creando
el desconcierto de las asociaciones de víctimas a tal punto que se
vieron forzadas a venir a Lima y dirigirse al ministerio de Economía, en
este país que se jacta de crecimiento económico, y es la que impide los
pagos a las víctimas. En el plano administrativo el CMAN, órgano
responsable de los pagos, que dependía del Primer Ministro, ha sido
transferido al Ministerio de Justica. La encargada del CMAN, Isabel
Coral, que conocía bien el asunto fue obligada a renunciar. Este es el
horrendo caldo de cultivo donde aparecen organizaciones como Movadef.
¿Han existido otros ejemplos de CVR en otros países? ¿Funcionó en estos países? En
muchos países las CVR han tenido éxito, en especial en Sudáfrica,
gracias al apoyo del presidente del país Nelson Mandela y al presidente
de su CVR Desmond Tutu. Sobre esto escribí un artículo que aparece
en el portal de nuestra biblioteca virtual www.genocidioayacucho.com
que les rogaría lo leyesen. También en Argentina y el Chile sus
comisiones y la justicia han ido por buen camino. Brasil acaba de
nombrar su CVR, estamos seguros que también tendrá éxito. El Perú el único país en el que sus gobiernos han boicoteado y desoído las recomendaciones de su CVR.
¿Se puede lograr reconciliación sin justicia ni memoria histórica? Hay
una premisa más crítica e importante: no hay futuro sin perdón, decía
Desmond Tutu a los sudafricanos. Y para perdonar hay que conocer la
verdad. Luego vendrá la justicia. En el Perú se oculta la verdad, peor
que eso, se la boicotea, se la oculta, se la niega. Salvo los parientes
de las víctimas el resto del Perú no sabe lo que pasó. Nadie ha perdido
perdón, ni los militares ni los terroristas, ni el gobierno ni la
iglesia católica. Se intenta borrar la memoria histórica y lo podrán
conseguir en muchos casos pero no en el entorno de los millares de
familias afectadas. Ellas no pueden perdonar ni olvidar. El olvido de
las autoridades no es el olvido de ellos. Por lo que no hay futuro sin
perdón. ¿Qué recomendaciones haría para que esto no suceda, quién debe actuar, cómo se debe organizar la sociedad civil y política?
Lo
único que hay que hacer es cumplir las recomendaciones de la CVR que
son completas y detalladas. Van desde las reformas institucionales:
fortalecimiento de la autoridad democrática, creación de fiscalías
especializadas que tengan recursos suficientes para realizar sus
actividades, actividades educacionales. Recomiendan también un detallado
programa de un Plan Integral de Reparaciones, tanto las simbólicas como
materiales. Además se propuso un Plan Nacional de Investigaciones
Antropológico Forenses que por supuesto no se ha cumplido. Desde
el punto personal creo que cada peruano tiene el derecho de saber lo que
pasó, y si el Estado no cumple con su deber, nosotros debemos hacer
nuestra parte leyendo y participando en los reclamos por justicia. Para
ayudar a cumplir esta obligación la fundación que presido ha creado una
biblioteca virtual gratuita www.genocidioayacucho.com para que la
persona interesada pueda empaparse de lo sucedido. Tenemos por supuesto
la versión íntegra del Informe, más cientos de otros libros, fotos,
videos y miles de artículos. Sabemos que es un esfuerzo modesto que no
puede compensar el boicot del gobierno, pero creemos que el si no lo
hacíamos era peor. Nuestro programa se une a importantes
instituciones que se abren paso sin apoyo estatal y a veces hasta con su
incomprensión y obstáculos, me refiero a APRODEH, COMISEDH,
Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, SER, ANFASEP y muchas más que
nos hacen sentir que no estamos solos, que tarde o temprano lograremos
la reconciliación del país.
[1] Herbert Morote
(nacido en 1935, Pimentel, Perú) es Presidente de la FUNDACIÓN HERBERT
MOROTE cuya misión es fomentar el mantenimiento de la memoria histórica
del genocidio ayacuchano, ocurrido entre los años 1980 y 2000.
(http://www.herbertmorote.com/otros/Folleto_FHM.pdf) La Fundación cuenta
con la Biblioteca Virtual del Genocidio en Ayacucho (BVGA) donde se
pueden encontrar libros, documentos, artículos, videos y fotografías
sobre este periodo de nuestra historia. Mayor información puede ser
obtenida visitando la página www.genocidioayacucho.com o escribiendo a
fundacion@herbertmorote.com.
[2] Hatun Willakuy. Versión
abreviada del Informe Final de la Comisión de la Verdad y
Reconciliación.
http://biblioteca.hegoa.ehu.es/system/ebooks/17123/original/Hatun_Willakuy.pdf
La resistencia del Estado peruano a reconocer y honrar sus obligaciones en materia de DDHH se ha mantenido con este gobierno e incluso parece acentuarse. Ello se expresa de varias formas. Una de ellas, quizá la más criticable por abusiva, es el inocultable desdén hacia las víctimas y afectados que manifiestan algunos altos funcionarios así como la burla que dedican casi cotidianamente hacia las expectativas de justicia, reconocimiento y reparación que aquellas albergan.
Otra expresión de esta renuencia que se vuelve más recurrente cada día es la negativa a reconocer la verdad, la tendencia a relativizar la gravedad de los hechos ocurridos durante la violencia armada de las décadas pasadas y, desde luego, el esfuerzo por estigmatizar a la memoria del conflicto rescatada por la CVR. Ésta, así como la Comisión Interamericana y la Corte Interamericana de DDHH, se han convertido en las últimas semanas en blanco preferido de múltiples insinuaciones y tergiversaciones por parte de altos funcionarios del presente gobierno. Es lamentable constatar que algunos de los voceros designados para desempeñar esa triste función de descrédito son personas que habían tenido una ejecutoria limpia y estimable en defensa de la causa de los DDHH. Eso no debe pasar inadvertido, pues, más allá de las personas concretas, ahí reside una inquietante parábola sobre las relaciones entre los principios éticos y el poder.
El ministro de Justicia, Juan Jiménez, por ejemplo, ha afirmado esta semana que la CVR “pudo tener mejores frases y conceptos de mayor ponderación y prudencia en su informe” y que “calificar de partido a Sendero Luminoso es un error”. Tal vez resulte inútil, a estas alturas, intentar sacarlo de un error tan elemental y tantas veces aclarado. El uso de un concepto –partido político– no implica un juicio de valor positivo o negativo. Aprehender un fenómeno, para después evaluarlo y emitir un juicio al respecto, requiere de una descripción y para ello se utilizan conceptos. En eso consiste el uso de un término como “partido” para describir a la organización de SL, que la CVR califica de subversiva y de terrorista. Llamar a algo “partido” no es una “calificación” como cree el ministro, con tan mal empleo de los términos. Hay que reiterarlo una vez más por si hace falta: decir que el Partido Nacional Socialista Alemán es eso, un “partido”, no disminuye un ápice su naturaleza y su historia criminal.
El tema de la denominación –no calificación, la diferencia es básica– de SL como partido puede ser anecdótico. Pero el efecto de fondo de un comentario así es echar sombras sobre la idoneidad de la CVR y de su informe final. Decir que le faltó ponderación es, de alguna forma, negarle seriedad, autoridad y, desde luego, es una expresión que sirve para insinuar extremismo, parcialidad y acaso connivencia. Lo curioso es que el actual ministro, como hombre cercano al mundo de los DDHH, conoce el informe final de la CVR (de hecho, no es irrelevante mencionar que él mismo ofreció una pequeña contribución al esfuerzo mediante un informe que se le requirió sobre otros temas). Por consiguiente, es válido pensar que ha tenido por lo menos nueve años para manifestar sus desacuerdos o reservas, cosa que no ha realizado en todo ese tiempo. Es recién ahora, como integrante del gabinete presidido por Óscar Valdés, el primer ministro que desprecia la voz de las víctimas como un exceso de “teatralización”, que encuentra que el informe es deficiente y que el trabajo de la CVR no fue un esfuerzo ponderado.
El hecho de fondo, como se ha dicho, trasciende a este cambio de la estimación que el ministro de Justicia tiene hacia la CVR y a sus ataques a los miembros de la Comisión Interamericana de DDHH. Lo más inquietante es la forma que adopta el poder político en nuestro país y la forma en que el ascenso a posiciones de autoridad estatal puede hacer variar ciertos puntos de vista que parecían firmemente enraizados en un conjunto de valores.
El rescate de la ética, las convicciones, la fidelidad a principios en la política es una tarea urgente. La cultura cívica ha sido abandonada y quienes hablan desde el Estado tienden más bien a erosionar lo poco que queda de ella. Recuperarla es un trabajo enorme que no puede ser aplazado.
Como recordarán hace dos años el gobierno de Alemania donó 2 millones de dólares al Perú para la construcción de un Museo de la Memoria. La primera reacción del gobierno de Alan García fue rechazar tal ofrecimiento con la excusa que el Perú tenía otros problemas más urgentes que resolver. La respuesta ciudadana a tal rechazo fue masiva, todavía estaban tibios los cadáveres de los más de 70,000 compatriotas asesinados en su mayor parte por Sendero Luminoso, pero también un 30% de los inocentes murieron debido a la represión sangrienta e indiscriminada de las fuerzas del Estado. Ante el escándalo originado por el rechazo de Alan García, Vargas Llosa se unió a las protestas, por lo que al gobierno no le quedó otra alternativa que aceptar la donación y nombrar a Vargas Llosa presidente de la comisión para la construcción de ese proyecto que tuvo como opositores a la cúpula del ejército y al cavernícola ministro de Defensa Rafael Rey. La primera concesión que se hizo fue cambiarle el nombre y en vez de Museo de la Memoria, término que todo el mundo entiende, se le llamó Lugar de la Memoria. En varios artículos que se pueden ver en este blog (etiqueta Museo de la Memoria) manifestamos nuestra inquietud ante tal cambio, pero de algún modo nos tranquilizaba que el Dr. Salomón Lerner Febres, ex presidente de la CVR, estuviera como vicepresidente de dicha comisión. Más adelante renunció Vargas Llosa como protesta por decretos supremos que iban contra los DD HH, y se quedó como presidente su íntimo amigo el octogenario pintor Fernando Szyszlo. Luego renunció el Dr. Salomón Lerner Febres. Así, mientras se cambian los nombres, las ideas y los gobernantes el proyecto físico comenzó su construcción en Miraflores, pero lo que va dentro no se ha hecho público ni discutido con las asociaciones de víctimas. Es decir están construyendo un continente sin saber su contenido. Con el gobierno de Humala se suponía que las cosas iban ir a mejor y que el Museo de la Memoria podría recuperar su nombre y sus principios. Lamentablemente, el asunto ha ido al revés, Ante la necesaria salida de Szyszlo se ha nombrado a un nuevo presidente de la comisión y se ha cambiado el nombre al proyecto, ya no será Museo de la Memoria, tampoco Lugar de la Memoria, ahora lo han bautizado como Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social. No me digan que el nombre es lo de menos, no es verdad. El nombre de un proyecto indica su objetivo y en este caso se ha añadido tolerancia e inclusión social para que ampliando su ámbito pierda el principal objetivo: recordar lo sucedido para que no se repita. El burdo engaño a la que nos somete el gobierno es un insulto a la inteligencia. Todavía el poder cree que uno es imbécil, que no nos vamos a dar cuenta la maniobra de la cúpula militar para evitar que los señalen también como responsables de parte de lo sucedido allí. Sabemos que fueron los miserables terroristas los que ocasionaron el mayor daño, sí, lo sabemos. Pero también sabemos que algunos miembros de las fuerzas del Estado cometieron execrables crímenes que no deben volver a repetirse Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social, vaya nombrecito. Qué diablos tiene inclusión social con los crímenes de Sendero Luminoso. Me dirán algún humalista que la falta de inclusión social fue el motivo que tuvieron sus dirigentes para crear SL, por favor, no solo fue eso, fueron muchas cosas bien descritas en los manuales de SL. También pudieran haber puesto propiedad privada, antiimperialismo, solidaridad, educación y la cuarta espada, centralismo, y sobretodo racismo. Con el nuevo nombre lo que hace Humala es pretender diluir los crímenes de las fuerzas del Estado añadiendo problemas sociales que han estado presente en la república desde sus orígenes. ¿Tolerancia? ¿Inclusión Social? ¿Porqué no agregarle también racismo, insolidaridad, neoliberalismo o centralismo? Qué vergüenza¡¡¡ Qué pensarán los familiares de las víctimas, los parientes de los miles de desaparecidos, las miles de mujeres violadas, los cientos de miles de compatriotas forzados a desplazarse, los parientes de los enterrados en 6,000 fosas comunes hasta ahora señaladas pero no exhumadas. ¿Es este el Humala a quien hemos elegido? ¿Qué lo ha hecho cambiar o siempre ha sido así? Hay que levantar la voz, la calle es el derecho del pueblo para reclamar justicia. Muchos de los miembros de la nueva comisión son personas respetables: Monseñor Bambarén, Hilaria Supa, Javier Sota Nadal; veremos cuánto duran. HM
Este era un violinista que tocaba mejor que nadie, era muy famoso además de buena persona, se codeaba con los más ricos del país, y como el rey lo quería tanto lo puso como capitán del buque insignia de su armada. El desastre se lo pueden imaginar…
La historia viene a cuento del nombramiento de Fernando de Szyszlo como presidente de la Comisión del Lugar de la Memoria, (que debería llamarse museo) Nuestro desconcierto no es porque Szyszlo sea pintor, tampoco es por su edad o estado de salud, es porque esta comisión debería ser presidida por alguien que tenga experiencia en la lucha por el respeto a los derechos humanos y haya estado o esté próximo a las víctimas que todavía claman justicia y esperan que Alan García por lo menos ofrezca disculpas por los crímenes cometidos por algunos miembros de las fuerzas del Estado.
El asunto principal del museo (me niego a llamarlo lugar) no es el continente, el edificio, sino su contenido, lo que se exhibirá adentro. Y si esto no se entiende no se entiende nada. Quizá Szyszlo, que toda su vida se ha codeado con gente pudiente, podría contribuir a una estética aceptable del edificio, su hijo es arquitecto, pero para decidir sobre el contenido de lo que no debe volver a repetirse: asesinatos, fosas comunes, torturas, desapariciones y desplazamientos forzados, dolor perenne de víctimas, sean estos serranos quechua-hablantes o soldados y policías inmolados en servicio de la patria, para eso se necesita tener otros conocimientos y vivencias.
Todos sabemos que de lo que se trata es de salir del paso a la espera que el próximo gobierno cargue con el bulto. Esperemos que Szyszlo se de cuenta de que lo que tiene que hacer es ¡no hacer nada!, y más que eso: ¡no dejar que se haga nada!.
Ojalá que los meses pasen pronto y que en mayo próximo el nuevo presidente nombre a alguien como Salomón Lerner Febres, o Carlos Ivan Degregori. Claro que si sale elegida Keiko Fujimori nombrará a Rafael Rey o a Aldo Mariátegui.
Es muy temprano para darse por vencido. Mantengámonos alertas y luchemos por una reconciliación nacional basada en la verdad y la justicia.
Hace algunos días Mario Vargas Llosa, presidente de la comisión del Museo de la Memoria, hizo declaraciones que deben haber dejado satisfecho al influyente sector de derechas que se oponía a su construcción creyendo que serviría para denigrar a las Fuerzas Armadas, protectoras de su status.
En declaraciones a la televisión, Vargas Llosa aseguró que en el museo “no se atribuirá la violencia a dos “bandos”, terroristas por un lado y Fuerzas Armadas por otro. El museo no puede establecer esa paridad que sería inmoral. No es verdad que ha habido dos bandos: ha habido una responsabilidad primera y mayor en esa guerra y es la de los terroristas; es Sendero Luminoso, es el MRTA y todos los que apoyaron esa locura sanguinaria”. Luego, sin mencionar por su nombre a las Fuerzas Armadas dijo que en la lucha “se cometieron abusos inaceptables en violación flagrante de las leyes”.
Examinemos lo dicho por el injustamente pospuesto premio Nóbel de Literatura. A primera vista se encuentran varias incongruencias: por un lado dice que no hubo dos “bandos” y por otro que la responsabilidad de esa “guerra” son los terroristas. ¿Puede haber una guerra sin dos bandos que peleen? Si lo que quiso decir Vargas Llosa es que en un lado peleaban los malos y en el otro los buenos, podíamos aceptarlo, sobretodo en este caso en que los buenos, las Fuerzas Armadas, ganaron para tranquilidad de la nación, y los que perdieron fueron los malos, los terroristas que iniciaron el genocidio. Lo erróneo y peligroso es decir que solo hubo un solo bando.
Este error calculado de Vargas Llosa debe causar menor preocupación comparado con el fin que pretende dar al Museo de la Memoria, eso sí es grave. Parece que Vargas Llosa no se ha dado cuenta de que la finalidad principal del museo no es recordar a uno o dos bandos de la guerra sino a las víctimas inocentes que no tenían nada que ver con ella y que fueron aniquiladas por el hecho de ser indígenas pobres, quechua hablantes y no estar armados. Un Museo de la Memoria no debería tener como finalidad principal resaltar a los genocidas perversos que mataron a 70,000 o más víctimas inocentes, casi todos niños, mujeres y ancianos, que violaron a miles de mujeres y hombres, que hicieron huir de sus tierras a cientos de miles de humildes campesinos. Para ver un museo de asesinos se puede ir al museo de cera de Madame Tussauds, pero para recordar el genocidio hace falta un museo que recuerde a los caídos por la siniestra locura terrorista y la asesina represión militar.
Mario Vargas Llosa no es ingenuo, sabe bien lo que dice. Por eso preocupa que para satisfacer a sus eternos amigos de derecha, aquellos que realmente manejan desde el poder económico las riendas del estado y la opinión pública, se construya un museo descafeinado, un museo “Light”, donde no se muestre el clamor viviente y actual de las víctimas reclamando justicia, un "lugar" donde no se hable de las injusticias sociales y económicas que llevaron a unos desquiciados miserables a eliminar a sus vecinos, un "lugar" donde queden ocultos los nombres de los asesinos que siguen protegidos por el estado. En fin, un "lugar" donde no se sepa la verdad de nada.
Ojalá que estemos equivocados y que la preocupación por las declaraciones de Vargas Llosa sea innecesaria. O, si estamos acertados en nuestro juicio, haya otros miembros de la comisión del museo, como el Dr. Salomón Lerner, que hagan valer su opinión.
El futuro Museo de la Memoria corre un grave peligro. No es a causa de la oposición encabezada por un elemento impresentable como el ministro de Defensa, Rafael Rey, que se opuso a su creación porque ve en él un movimiento de la izquierda “caviar” que desea enlodar a la Fuerzas Armadas y socavar el gobierno constitucional. Esa acusación es tan descabellada que da vergüenza rebatirla, más aún cuando el presidente de dicho museo es Vargas Llosa cuyas ideas de derecha acérrima son conocidas por todos. Tampoco la amenaza proviene de aquellos que ven en cualquier manifestación que reivindique a los indígenas un peligro a su status privilegiado frente a los “cholos de mierda”. No, un museo en Miraflores no será nunca un centro de peregrinación que subvierta las desigualdades de nuestro país y que por eso sea alguna vez clausurado. Igualmente el museo no representa un peligro para la cúpula militar que con cierta mesura se opuso a su construcción por temor a mostrar abiertamente el deseo de indulto. Parece que los altos mandos lo han aceptado como un mal inevitable y se conforman con poner un monumento en honor a las víctimas de las fuerzas del Estado. Honor por cierto muy merecido y necesario. Por otro lado el riesgo de fracaso del museo no provendrá de ninguna manera por el contenido del museo, ya que el Dr. Salomón Lerner, pieza clave de la directiva, sabe lo que debe exponerse y el servicio que debe prestar. ¿Entonces en qué radica el posible fracaso de un proyecto que ha luchado por convertirse en realidad? La respuesta es evidente: tanto los que han estado a favor como los que han estado en contra creen que el museo es el final de un largo proceso. Una meta. Un triunfo sobre la desidia de la sociedad y el temor culposo del gobierno. Existe pues un sentimiento generalizado que su inauguración va a satisfacer a todos, que terminará con los reclamos interminables de las víctimas, y no solo eso, sino que servirá para recordar esos dolorosos hechos a fin de que no vuelvan a repetirse. Ya veo su inauguración: grandes discursos de autocomplacencia, ¡Miren qué bueno es el gobierno que ha cedido a la presiones! ¡Admiren el buen trabajo que ha hecho el comité directivo! ¡Por fin se ha hecho justicia! ¡Hemos dado un gran paso hacia la reconciliación nacional! ¡Brindemos por un Perú unido! Unas rondas de pisco sauer y como siempre bombos, platillos y frivolidad. La realidad es otra. Precisamente el peligro radica en que se crea que el museo servirá para evitar nuevas masacres. Al terminar la Primera Guerra Mundial todos decían NUNCA MÁS, y dos décadas más tarde el exterminio fue peor. La verdad es que recordar no evita la repetición de los hechos a no ser que haya justicia, reparaciones y eliminación de las causas que ocasionaron el genocidio o conflicto u holocausto, como ustedes quieran llamarlo, y que en nuestro caso ocasionó 70,000 muertos e innumerables violaciones y torturas. La justicia no la hemos logrado. Peor, ha retrocedido durante el gobierno de Alan García. Los miembros de las FF AA que causaron horribles masacres siguen protegidos por el Estado. No conocemos la verdad de los hechos, no sabemos cómo pasó ni quiénes participaron. ¿Qué vamos a recordar sin saber la verdad? ¿La foto de una víctima? Por favor, hagamos un esfuerzo de seriedad por una vez en la vida. Ni las fotos, ni los videos, ni las grabaciones de testigos sirven para consolar a los deudos si no se conoce la verdad. Y conociéndola que se identifique a los asesinos y la justicia los ponga a buen recaudo, igual que a los terroristas que causaron todavía mayores dolores. En cuanto a las reparaciones, tampoco éstas han llegado a las víctimas a pesar de las promesas presidenciales. Ni siquiera han dado dinero suficiente para terminar el empadronamiento de las víctimas, es más, este año 2010 el Registro Único de Víctimas ha visto recortado su presupuesto en una tercera parte. Todavía hay decenas de miles de víctimas que no han sido registradas ni lo serán. Resumiendo: el Museo de la Memoria no debería ser considerado el fin de un triste episodio, sino el comienzo de una campaña para obtener justicia, registro de víctimas, reparaciones y eliminación de las causas subyacentes que fomentaron el genocidio. Sin esa campaña continua el museo servirá solo como eso, como un museo de la Inquisición, como un museo de antropología, se les visita y punto. Herbert Morote. 15 de enero de 2010