Les invitamos a participar en este blog dedicado a mantener la memoria histórica del terrorismo de Sendero Luminoso y el MRTA, al que se sumaron los crímenes cometidos por miembros de las fuerzas del Estado. También tenemos la Biblioteca Virtual de la Verdad y Reconciliación, cuyo contenido sigue creciendo. Al momento hemos registrado mas de 600 de libros, muchos de ellos digitalizados, así como cientos de fotografías, videos y cerca de 2,000 documentos y artículos periodísticos. http://www.verdadyreconciliacionperu.com/home.aspx


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domingo, 15 de agosto de 2010

RETRASO VERGONZOSO: EL CENSO DE VÍCTIMAS

(Con este artículo iniciamos una serie dedicada a examinar la perversa morosidad y patética hipocresía del gobierno para cumplir con el compromiso nacional de reparar a las víctimas de la violencia ocurrida durante las dos últimas décadas del siglo pasado.)


¿A QUIÉN NO LE CONVIENE TERMINAR EL CENSO POR LA PAZ?
Antes de la que la Comisión de la Verdad y Reconciliación iniciara a fondo su trabajo, el presidente Valentín Paniagua, con gran responsabilidad social, se apresuró el año 2001 a ordenar un censo de las víctimas de la violencia durante la etapa de terror.
Al gobierno de Alejandro Toledo no le quedó otro remedio que continuar esa labor durante los dos primeros años de su mandato 2002 y 2003. Casi al final de su gobierno, y debido a las presiones suscitadas por la publicación del informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación en octubre de 2005, Toledo ordenó continuar con el censo en abril de 2006, labor que se suspendió dos meses después de que fuera elegido presidente Alan García Pérez, que como se sabe en un tiempo fue acusado de genocidio.
No nos debería extrañar la falta de apoyo del actual mandatario: los informes preliminares del llamado Censo por la Paz no le convienen. Y tampoco convienen a los rezagados defensores de la oligarquía criolla como el ministro de Defensa, Rafael Rey, ni a su cofrade del Opus Dei el cardenal Cipriani, que en esos tiempos fue obispo de Ayacucho. Tampoco conviene a la decrépita clase racista que infecta el Perú la divulgación de estos documentos oficiales, SÍ, SON DOCUMENTOS OFICIALES.

Si la gente del Perú adquiriera conciencia de lo preliminarmente censado, otra suerte correrían los asesinos que alegremente disfrutan de impunidad.
• No, no es bueno que el pueblo peruano sepa con pelos y señales, es decir los nombres, sexo, edad de las personas que fueron asesinadas y torturadas y quienes fueron sus perpetradores.
• No es bueno que los peruanos sepan que, si es verdad que los miserables terroristas de Sendero Luminoso fueron causantes del 65% de las muertes, un 21%, repito: según documentos oficiales, fueron asesinados por las fuerzas del Estado. Los terroristas están presos o huidos. Los asesinos de las fuerzas del Estado gozan de libertad.
• No es bueno que se sepa que una cuarta parte de los asesinados en Ayacucho fueron valientes mujeres que lucharon por la libertad de sus pueblos, como Petronila Morote, que a sus 70 años era alcaldesa de Ococro y que fue una de las primeras víctimas de Sendero Luminoso en 1980. A su hermano Jesús lo asesinó el Ejército en 1983, quizá por sospechoso; y a Benedicta, la hermana menor de todos, la mató Sendero Luminoso en 1984. ¿Esto se puede olvidar?
• No conviene que tengamos presente que un 8% de los muertos fueron niños y ancianos.

¿QUÉ SE GANA CON EL RETRASO?
Como dijimos, durante el gobierno de Alan García no se hizo nada por terminar el censo. Cinco años perdidos. ¿Qué esperan? ¿Que los familiares olviden a sus muertos? ¿Que fallezcan los torturados, los huérfanos, las mujeres violadas? Oficialmente dicen que están preparando la quinta etapa; en eso ha pasado todo su mandato: preparando. Claro, no quiere que sepamos la verdad completa, y no solo por evitar la culpa que debe recaer sobre los que hasta ahora gozan de impunidad vergonzosa sino, y ojo esto es importante, porque no quieren reparar los daños económicos de las víctimas con los que se ha comprometido la nación.
¡VIVA LA IMPUNIDAD! ¡VIVA ALAN GARCÍA! ¡VIVA EL CARDENAL CIPRIANI!

sábado, 27 de febrero de 2010

LOS QUE NO DESEAN LA RECONCILIACIÓN

Parece increíble pero existe un poderoso sector de nuestra sociedad que no desea la reconciliación del Estado con las víctimas del genocidio. ¿Qué es lo que alegan estas personas? ¿Son sinceras, solidarias y responsables o simplemente egoístas y temerosas de perder sus privilegios?

En países como el nuestro, aquellos que detentan el poder económico también controlan el poder político. Esto hace que se defienda a ultranza cualquier atisbo que pueda, según ellos, “subvertir el orden público”. El Estado, o sea ellos, no puede equivocarse. Parece que le han adjudicado la infalibilidad papal. Cualquier sector que ponga en duda la actuación del Estado puede también poner en duda el poder en general y eso no puede ser, hay que acallarlo antes de que el malestar social se expanda. Las Fuerzas Armadas, también según ellos, son parte inextricable del Estado pues garantizan el funcionamiento y la estabilidad del país, por lo tanto hay que defenderlas ante cualquier sector de la población que ponga en duda su actuación.
Para mantener este estado de cosas antes se usaba la cachiporra, la prisión y la extradición, ahora solo es necesario controlar los medios de comunicación, que obviamente son parte del sistema. Por eso no sorprende que ningún periódico haya hecho una campaña seria y persistente en favor de la reconciliación del país, o haya acogido y resaltado las voces discordantes que denuncian lo ocurrido. En el Perú se sabe más sobre las Madres de Mayo o de Pinochet que sobre Lucanamarca o Putis. Lo más que se ha logrado es que el todopoderoso El Comercio publique alguna vez, siempre con la boca chiquita y la ambigüedad que le caracteriza, artículos sobre la necesidad de una reconciliación nacional. Es preferible dejar a otros medios el “privilegio” de demonizar a la Comisión de la Verdad y Reconciliación, y atacar todo lo que esté relacionado con los reclamos de las 70,000 víctimas de un pueblo mayormente indígena, pobre y quechua hablante.
Los que se oponen a la reconciliación, como los seguidores de Fujimori, no son otra cosa que títeres de un poder que los manipula a base de miserables prebendas y de promesas que no cumplen. De ahí los ataques a los símbolos del genocidio, como al monumento El ojo que llora. De ahí las estentóreas voces que se oponen al proyecto al Museo de la Memoria. De ahí el recorte de fondos para el Registro Único de Víctimas. De ahí las mezquinas y tardías reparaciones. De ahí el odio que destilan persistentemente sus voceros de pacotilla en periódicos y en televisión. Y lo más grave, de ahí proviene el silencio de aquellos que pudiendo hacer algo miraron a otro lado, y son ahora los mismos que callan y agachan la cabeza.

EN LO QUE SE EQUIVOCAN
La aparente arrogancia de los que se oponen a la reconciliación no es lo suficientemente grande para ocultar el miedo que tienen a que se solivianten los ánimos del pueblo. Y usan a las Fuerzas Armadas y a la Policía para acallar cualquier protesta. Desgraciadamente para ellos y para el país la evidente fractura social se va agravando. No se puede tapar el sol con un dedo. Existe un justificado resentimiento contra el Estado que oculta y protege a los responsables de las masacres, torturas, desapariciones y violaciones. No se han dado cuenta de que estas atrocidades no las puede borrar ni el silencio de El Comercio, ni los ataques inmorales de medios de comunicación que por higiene mental rehusamos nombrarlos.
El dolor de los ayacuchanos y de otros habitantes de nuestra serranía no puede desaparecer con declaraciones negacionistas de un ministro de Defensa; con los desplantes de un cardenal Primado, ejemplo del peor fariseísmo; con evasivas de generales que temen ser juzgados por un tribunal internacional. No, no hay nada que pueda mitigar el dolor de las víctimas que no sea una expresión de respeto y solidaridad.
Esconder la cabeza como el avestruz no hace sino perpetuar el dolor y aumentar el resentimiento. Lo curioso es que la miopía intelectual del poder va en contra de sus propios intereses. ¿Qué sucedería si en vez de maltratar y ningunear a las víctimas se acercasen a ellas con gestos solidarios? ¿Qué pasaría si activasen todas las promesas presidenciales hechas para conseguir su voto? ¿Qué ocurriría si el Estado asumiese su responsabilidad en los hechos? La respuesta es clara: el Perú sería otra cosa, estaría más unido y mejor preparado para enfrentarse al futuro. Es más, el poder económico no sufriría nada, al contrario, sería más fuerte y sólido. Claro que para creer en esto se necesita tener una visión más amplia e inteligente, y de esas dos cosas carecen los que mangonean el país a través de sus marionetas.

HM

jueves, 14 de enero de 2010

EL PELIGRO DEL MUSEO DE LA MEMORIA

El futuro Museo de la Memoria corre un grave peligro. No es a causa de la oposición encabezada por un elemento impresentable como el ministro de Defensa, Rafael Rey, que se opuso a su creación porque ve en él un movimiento de la izquierda “caviar” que desea enlodar a la Fuerzas Armadas y socavar el gobierno constitucional. Esa acusación es tan descabellada que da vergüenza rebatirla, más aún cuando el presidente de dicho museo es Vargas Llosa cuyas ideas de derecha acérrima son conocidas por todos.
Tampoco la amenaza proviene de aquellos que ven en cualquier manifestación que reivindique a los indígenas un peligro a su status privilegiado frente a los “cholos de mierda”. No, un museo en Miraflores no será nunca un centro de peregrinación que subvierta las desigualdades de nuestro país y que por eso sea alguna vez clausurado.
Igualmente el museo no representa un peligro para la cúpula militar que con cierta mesura se opuso a su construcción por temor a mostrar abiertamente el deseo de indulto. Parece que los altos mandos lo han aceptado como un mal inevitable y se conforman con poner un monumento en honor a las víctimas de las fuerzas del Estado. Honor por cierto muy merecido y necesario.
Por otro lado el riesgo de fracaso del museo no provendrá de ninguna manera por el contenido del museo, ya que el Dr. Salomón Lerner, pieza clave de la directiva, sabe lo que debe exponerse y el servicio que debe prestar.
¿Entonces en qué radica el posible fracaso de un proyecto que ha luchado por convertirse en realidad? La respuesta es evidente: tanto los que han estado a favor como los que han estado en contra creen que el museo es el final de un largo proceso. Una meta. Un triunfo sobre la desidia de la sociedad y el temor culposo del gobierno. Existe pues un sentimiento generalizado que su inauguración va a satisfacer a todos, que terminará con los reclamos interminables de las víctimas, y no solo eso, sino que servirá para recordar esos dolorosos hechos a fin de que no vuelvan a repetirse. Ya veo su inauguración: grandes discursos de autocomplacencia, ¡Miren qué bueno es el gobierno que ha cedido a la presiones! ¡Admiren el buen trabajo que ha hecho el comité directivo! ¡Por fin se ha hecho justicia! ¡Hemos dado un gran paso hacia la reconciliación nacional! ¡Brindemos por un Perú unido! Unas rondas de pisco sauer y como siempre bombos, platillos y frivolidad.
La realidad es otra. Precisamente el peligro radica en que se crea que el museo servirá para evitar nuevas masacres. Al terminar la Primera Guerra Mundial todos decían NUNCA MÁS, y dos décadas más tarde el exterminio fue peor. La verdad es que recordar no evita la repetición de los hechos a no ser que haya justicia, reparaciones y eliminación de las causas que ocasionaron el genocidio o conflicto u holocausto, como ustedes quieran llamarlo, y que en nuestro caso ocasionó 70,000 muertos e innumerables violaciones y torturas.
La justicia no la hemos logrado. Peor, ha retrocedido durante el gobierno de Alan García. Los miembros de las FF AA que causaron horribles masacres siguen protegidos por el Estado. No conocemos la verdad de los hechos, no sabemos cómo pasó ni quiénes participaron. ¿Qué vamos a recordar sin saber la verdad? ¿La foto de una víctima? Por favor, hagamos un esfuerzo de seriedad por una vez en la vida. Ni las fotos, ni los videos, ni las grabaciones de testigos sirven para consolar a los deudos si no se conoce la verdad. Y conociéndola que se identifique a los asesinos y la justicia los ponga a buen recaudo, igual que a los terroristas que causaron todavía mayores dolores.
En cuanto a las reparaciones, tampoco éstas han llegado a las víctimas a pesar de las promesas presidenciales. Ni siquiera han dado dinero suficiente para terminar el empadronamiento de las víctimas, es más, este año 2010 el Registro Único de Víctimas ha visto recortado su presupuesto en una tercera parte. Todavía hay decenas de miles de víctimas que no han sido registradas ni lo serán.
Resumiendo: el Museo de la Memoria no debería ser considerado el fin de un triste episodio, sino el comienzo de una campaña para obtener justicia, registro de víctimas, reparaciones y eliminación de las causas subyacentes que fomentaron el genocidio. Sin esa campaña continua el museo servirá solo como eso, como un museo de la Inquisición, como un museo de antropología, se les visita y punto.
Herbert Morote. 15 de enero de 2010


BVGA
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Informe sobre recorte de presupuesto del Consejo de Reparaciones.
Cortesía de lamula.pe