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domingo, 19 de febrero de 2012

LAS SEDUCCIONES DEL PODER, por Salomón Lerner Febres

LA REPÚBLICA 
Domingo, 19 de febrero de 2012 | 5:00 am
Las seducciones del poder1
La resistencia del Estado peruano a reconocer y honrar sus obligaciones en materia de DDHH se ha mantenido con este gobierno e incluso parece acentuarse. Ello se expresa de varias formas. Una de ellas, quizá la más criticable por abusiva, es el inocultable  desdén hacia las víctimas y afectados que manifiestan algunos altos funcionarios así como la burla que dedican casi cotidianamente hacia las expectativas de justicia, reconocimiento y reparación que aquellas albergan.
Otra expresión de esta renuencia que se vuelve más recurrente cada día es la negativa a reconocer la verdad, la tendencia a relativizar la gravedad de los hechos ocurridos durante la violencia armada de las décadas pasadas y, desde luego, el esfuerzo por estigmatizar a la memoria del conflicto rescatada por la CVR. Ésta, así como la Comisión Interamericana y la Corte Interamericana de DDHH, se han convertido en las últimas semanas en blanco preferido de múltiples insinuaciones y tergiversaciones por parte de altos funcionarios del presente gobierno. Es lamentable constatar que algunos de los voceros designados para desempeñar esa triste función de descrédito son personas que habían tenido una ejecutoria limpia y estimable en defensa de la causa de los DDHH. Eso no debe pasar inadvertido, pues, más allá de las personas concretas, ahí reside una inquietante parábola sobre las relaciones entre los principios éticos y el poder.
El ministro de Justicia, Juan Jiménez, por ejemplo, ha afirmado esta semana que la CVR “pudo tener mejores frases y conceptos de mayor ponderación y prudencia en su informe” y que “calificar de partido a Sendero Luminoso es un error”. Tal vez resulte inútil, a estas alturas, intentar sacarlo de un error tan elemental y tantas veces aclarado. El uso de un concepto –partido político– no implica un juicio de valor positivo o negativo. Aprehender un fenómeno, para después evaluarlo y emitir un juicio al respecto, requiere de una descripción y para ello se utilizan conceptos. En eso consiste el uso de un término como “partido” para describir a la organización de SL, que la CVR califica de subversiva y de terrorista. Llamar a algo “partido” no es una “calificación” como cree el ministro, con tan mal empleo de los términos. Hay que reiterarlo una vez más por si hace falta: decir que el Partido Nacional Socialista Alemán es eso, un “partido”, no disminuye un ápice su naturaleza y su historia criminal.
El tema de la denominación –no calificación, la diferencia es básica– de SL como partido puede ser anecdótico. Pero el efecto de fondo de un comentario así es echar sombras sobre la idoneidad de la CVR y de su informe final. Decir que le faltó ponderación es, de alguna forma, negarle seriedad, autoridad y, desde luego, es una expresión que sirve para insinuar extremismo, parcialidad y acaso connivencia. Lo curioso es que el actual ministro, como hombre cercano al mundo de los DDHH, conoce el informe final de la CVR (de hecho, no es irrelevante mencionar que él mismo ofreció una pequeña contribución al esfuerzo mediante un informe que se le requirió sobre otros temas). Por consiguiente, es válido pensar que ha tenido por lo menos nueve años para manifestar sus desacuerdos o reservas, cosa que no ha realizado en todo ese tiempo. Es recién ahora, como integrante del gabinete presidido por Óscar Valdés, el primer ministro que desprecia la voz de las víctimas como un exceso de “teatralización”, que encuentra que el informe es deficiente y que el trabajo de la CVR no fue un esfuerzo ponderado.
El hecho de fondo, como se ha dicho, trasciende a este cambio de la estimación que el ministro de Justicia tiene hacia la CVR y a sus ataques a los miembros de la Comisión Interamericana de DDHH. Lo más inquietante es la forma que adopta el poder político en nuestro país y la forma en que el ascenso a posiciones de autoridad estatal puede hacer variar ciertos puntos de vista que parecían firmemente enraizados en un conjunto de valores.
El rescate de la ética, las convicciones, la fidelidad a principios en la política es una tarea urgente. La cultura cívica ha sido abandonada y quienes hablan desde el Estado tienden más bien a erosionar lo poco que queda de ella. Recuperarla es un trabajo enorme que no puede ser aplazado.
 

jueves, 9 de febrero de 2012

EL LUGAR DE LOS CRIMINALES.

(Enviado por Noticias Ser)


Ana María Vidal
“Lo conversamos cuando él (O. Humala) ya estaba elegido, en Palacio de Gobierno, y le dije: ‘Salgamos los dos y tomemos esta decisión. Para mí es difícil hacerlo al final del gobierno. Me parece un golpe bajo al nuevo gobierno, y para usted es difícil hacerlo comenzando. Si lo hacemos los dos y convencemos al país, lo haremos de acuerdo con la situación de salud del señor (Fujimori)”. Alan García Pérez sobre indulto a Alberto Fujimori en declaraciones a Univisión.
“Si bien es cierto es un informe bastante completo, también hay que ver que presentaba cuadros desgarradores y mucha teatralización, cosas que sobredimensionaron la cantidad de damnificados y el rol de las fuerzas armadas”. Primer Ministro Oscar Valdés Dancuart refiriéndose a las audiencias públicas y al trabajo de la Comisión de la Verdad y Reconciliación.
Las dos declaraciones son parte de la misma tara que adolece el Perú, el desprecio por la vida de gran parte de los hombres y mujeres del país.
García Pérez se niega a caer en el olvido y, para no perder todo el poder, coquetea al fujimorismo con la única bandera que tiene esta agrupación: la libertad de su líder. Valdés Dancuart, militar en retiro, expresa lo que siente por el trabajo de la Comisión de la Verdad que mostró al país que en el conflicto armado que vivimos, la violencia sexual contra hombres y mujeres se usó como arma de guerra.
Lo que ambos proponen es impunidad, el primero habla de un supuesto acoso político de 10 años, de que “ya pagó lo suficiente”. No menciona que Fujimori está preso por dirigir un aparato organizado de poder que fue parte de una estrategia de guerra sucia. Estrategia perversa que no buscaba terminar con los crímenes de Sendero Luminoso, sino que buscaba continuar sembrando el terror en la población, para que la dictadura pudiese hacer de las suyas y levantarse de paso medio país.
Fujimori está condenado a 25 años de cárcel, la más alta pena para los delitos de asesinato en esos años. Está condenado, no por persecución política, sino por asesinato y desaparición de estudiantes universitarios, por la muerte de personas que celebraban una reunión en su casa, por el asesinato de Javier Ríos, un niño de 8 años de edad. Y también está condenado por ladrón.
García al decir que él mismo estuvo perseguido, se comprara con un perpetrador de crímenes… por algo será.  Valdés Dancourt, al hablar despectivamente de los testimonios de las personas que sufrieron el conflicto, hace lo mismo que el ex presidente, asume la defensa de las personas que violaron (literalmente) a miles de mujeres y hombres. Según la Comisión de la Verdad, el 83% de violaciones sexuales fueron perpetradas por las Fuerzas Armadas. A la fecha hay 2 228 (1) personas registradas por el Estado peruano como víctimas de violación sexual.
¿Podrán las personas que defienden estos crímenes mirar a los ojos a sus hijas, hijos, sus madres y padres o esposas y decirles que la violación de cada una de estas personas estaba justificada, que “meterles” su pene, sus rifles o cualquier objeto en sus cuerpos servía para ganar una guerra?
Pero desde el poder no se habla de estos crímenes, simplemente porque para ellos no existen esas personas; y si existen, no valen lo que ellos sí valen. Por lo tanto los cuerpos, los sentimientos y el dolor de las víctimas, no vale tanto como para que se haga justicia.
Lo triste es que estos dos hombres representan el racismo y el desprecio de una parte de la sociedad peruana hacia la gran mayoría de peruanas y peruanos. Recuerdo el esfuerzo que costó la retransmisión de las audiencias públicas, frente a argumentos tan absurdos, incluso de parte del canal estatal tales como “no da rating”. Ya que no se quería difundir las audiencias, para no enseñar lo que había pasado en nuestro país y lo que miles de mujeres y hombres nos tenían que decir.
Mientras esto no cambie, mientras ocultemos estos testimonios y mientras todas las personas en el país no asuman que los crímenes se pagan y que el dolor no es teatralización estamos condenadas y condenados a repetir la historia.
Nota:
1) Según el Registro Único de Víctimas, el cual hasta diciembre del 2011 estaba adscrito a la Presidencia del Consejo de Ministros.